Macero



ENRIQUE GALLUD JARDIEL


Una tradición a punto de perderse es la del oficio de macero, documentado desde el siglo xv. Deriva del latín vulgar mattea, ‘maza’. Designa a aquel que lleva una maza o báculo de plata delante de los cuerpos o personas autorizadas como insignia de dignidad.

Su cometido no consistía únicamente en iniciar los desfiles, sino que oficiaban también de porteros de sala en las fiestas oficiales. Situados en el marco de la puerta, debían anunciar la llegada de la persona de autoridad, haciendo callar a los presentes con un golpe dado en el suelo con una maza de mayor tamaño.

Los maceros son personajes simbólicos que representan el poder y la autoridad. Sus antecedentes se relacionan con las mazas que portan, originariamente armas de defensa asociadas a Hércules en la tradición greco-latina. Eran también los que les sostenían los cetros a los reyes cuando éstos se cansaban de llevarlos. Originariamente aparecían en las ceremonias solemnes de los reyes, como marca del poder del soberano. Con el tiempo, las otras instituciones que poseían autoridad (audiencias, ayuntamientos) los incorporaron a su actividad. Más tarde pasaron a otras corporaciones y organismos, como diputaciones, universidades, etc,, donde aún  hoy son comunes.

Su vestimenta tradicional era muy lujosa y arcaica. Mantenía su hechura medieval y no solía cambiar con las modas del reino. El color preferido era el granate y solía incluir motivos heráldicos y dinásticos. Eran trajes talares muy holgados, con abundantes brocados en oro que los encarecían en gran medida.

En la actualidad se siguen convocando plazas de portero-macero en algunos ayuntamientos. Para su ejercicio se exige el Graduado escolar.